La música de Mozart encierra algo misterioso. Parece tener un toque divino. Sobretodo su música sacra, la cual lo hace a uno pensar en realidades que aun no hemos experimentado en su totalidad, como el paraíso por ejemplo. Algunos teólogos importantes consideran la música de Mozart como una obra de alto contenido teológico y no es para menos, cuando uno escucha la maravilla del Requiem, la misa de coronacion, el Ave verum corpus o la gran misa en do menor se da cuenta de ello. La música de Mozart es un don que Dios le dio. He decidido publicar unos textos de algunos de los teólogos mas importantes de los ultimos tiempos. Empecemos por uno de el Papa Benedicto XVI llamado MI MOZART. En los próximos días publicare un poco más de Von Balthasar y Karl Barth entre otros.
MI MOZART
Benedicto XVI1
“Cuando en nuestra parroquia de Traunstein, en los días de fiesta, tocaban una misa de
Mozart, a mí, que era un niño pequeño que venía del campo, me parecía como si estuvieran
abiertos los cielos.
Delante, en el presbiterio, se formaban columnas de incienso, en las que se quebraba la luz
del sol; en el altar tenía lugar la celebración sagrada, de la que sabíamos que abría para
nosotros el cielo.
Y desde el coro resonaba una música que sólo podía venir del cielo, una música en la que
se nos revelaba el júbilo de los ángeles por la belleza de Dios. Algo de esta belleza estaba
entonces entre nosotros.
Tengo que decir que algo así me sucede todavía, cuando oigo a Mozart.
En Beethoven oigo y siento el empeño del genio por dar lo máximo, y de hecho su música
tiene una grandeza que me llega a lo más íntimo. Pero el esfuerzo apasionado de este
hombre resulta perceptible, y a veces, en un pasaje u otro, en su música parece notarse
también un poco esa fatiga.
Mozart es pura inspiración –o, al menos, así lo siento yo–. Cada tono es correcto y no
podría ser de otra manera. El mensaje está sencillamente presente. Y no hay en ello nada
banal, nada sólo lúdico.
El ser no está empequeñecido ni armonizado falsamente. No deja fuera nada de su grandeza
y de su peso, sino que todo se convierte en una totalidad, en la que sentimos la redención
también de lo oscuro de nuestra vida y percibimos lo bello de la verdad, de lo que tantas
veces querríamos dudar.
La alegría que Mozart nos regala, y que yo siento de nuevo en cada encuentro con él, no se
basa en dejar fuera una parte de la realidad, sino que es expresión de una percepción más
elevada del todo, que sólo puedo caracterizar como una inspiración, de la que parecen fluir
sus composiciones como si fueran evidentes.
De modo que, oyendo la música de Mozart, queda en mí finalmente un agradecimiento,
porque él nos haya regalado todo esto, y un agradecimiento, porque esto le haya sido
regalado a él.”
* * *
1 Benedicto XVI, Mein Mozart, texto publicado en el diario Kronen Zeitung, Viena, 6 de enero de 2006.